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jueves, 2 de marzo de 2017

En busca del empleo perdido

El 30 julio del 2013 una llamada fría de teléfono mientras disfrutaba del penúltimo día de vacaciones trajo la desesperanza a mi vida. Era un delegado del sindicato, me habían despedido, tras casi 20 años trabajando de barrendero en Madrid. Los recortes de Ana Botella habían llegado a la limpieza.
Tras meses de conversaciones para actualizar el convenio, habían elegido con alevosía el último día hábil del mes de Julio para despedir a 28 personas, dos fueron prejubiladas. Un diez por ciento de la plantilla, pero con las prejubilaciones ya no se definía como ERE. Con acusaciones absurdas y sin poder probarlas siquiera nos dieron la carta de despido, la mayoría llevábamos incluso mas de 20 años en la empresa y los motivos insostenibles e incoherentes. Pero tuvimos que denunciar todos a pesar de tener ganado el juicio, de hecho ni siquiera llegamos a ello. Pero tuvimos que pagar el porcentaje a los abogados. Además de alevosía el despido se convirtió en una lucha sucia y ruín.
A partir de ese día cobré durante casi un año el paro, tras buscar trabajo, tan sólo lo encontré de pollero, mi anterior oficio. 60 horas semanales, en horario partido y trabajando el fin de semana, en los primeros trabajos incluso festivos, algunas veces sin cobrar más pero haciendo más horas aún. Entré en un supermercado donde los horarios cada día eran diferentes, un caos y aunque los domingos los pagaban era con productos del mismo establecimiento. Tenía que aprender carnicería, pero allí nadie me enseñaba. Me quedé de pollero y por esa causa no pasé el periodo de prueba de ¡ 6 meses¡ .
Este año decidí cambiar de vida, al menos de trabajo. Estoy de teleoperador. Me gusta, pero el sueldo es inferior a lo que ganaba en 1996. Cierto que son 6 horas. Un mes de prueba y un contrato por obra y servicio. No es tan fácil como me pareció al principio. Pero al menos tengo una oportunidad de empleo en el cual si tienes el suficiente coraje y vendes el producto puede ser interesante. Al menos cumplen casi todas las normas, y sobre todo los horarios.
No puedo decir que sea el último empleo, ya lo descubrí hace casi cuatro años, pero haré lo que esté en mi mano para trabajar bastante tiempo.
Aún así si me llamaran para volver de barrendero, volvería. La estabilidad salarial y emocional la tendría asegurada.
¿Os a pasado a vosotros igual? ¿Habéis sufrido la crisis en vuestras carnes? Cuéntanoslo.

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