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miércoles, 16 de abril de 2014

Aquellas palabras locas

Cada día veo que estamos más adentro de esta vorágine informativa que nos desinforma. Que estamos sumidos en un mundo tan material que ahoga los pequeños posos que el espíritu trata de arrastrar hacia nuestra conciencia. No dedicamos un sólo instante a preguntarnos que hacemos y por qué. Ni siquiera sabemos que objetivo estamos cumpliendo en la mayoría de los casos. ¿Cuanta gente está sumida en una vida que siente que no le corresponde? 
No hablo del poco interés de muchos por su trabajo, es tan sólo un trabajo. Hablo de lo que profundamente piensa cada vez más gente, del desinterés por la vida. Han creado un gran sistema desmoralizador al servicio de unos pocos y está funcionando.
El desinterés por quien nos gobierna, la apolitización social está permitiendo que su sistema funcione, lo han conseguido. A base de desilusión y de prácticas antidemocráticas. Pasándose los derechos por el forro (con perdón) y destruyendo todo atisbo de resistencia a base de pelotas de goma y miedo, mucho miedo.
En una sociedad que prevalece únicamente lo mundano, lo material, el maldito (o bendito) dinero que todo lo que toca en el fondo lo destruye. En una sociedad impersonal, donde las personas sólo son consumidores o semiesclavos de unos empresarios sin escrúpulos y unos políticos asociales, sin empatía y sin otra meta que "trabajar" en las empresas que primero han beneficiado, por interés personal. En una sociedad atemorizada, amargada, sin recursos, con los derechos pisoteados, sin una auténtica democracia que decida por si sola su futuro, esta sociedad está abocada al colapso si no cambia de una vez por todas.
No quiero añadir más pesimismo, por lo que aún pienso que podemos ser capaces de movernos con las ideas y las palabras hacia un futuro mejor, pero debemos tener en cuenta que inmensos capitales y servicios están en disposición de luchar con uñas y dientes en contra de nuestros intereses, deberemos poner igual ímpetu en esa lucha si queremos vencer este mal que nos aqueja: la inmensa mayoría de los políticos. Una casta alejada y ajena del público en general.
Nadie decidió por referendum si queríamos estar en la OTAN, o en Europa, o si queríamos el Euro. Nadie nos dejó decidir y ahora pretenden convencernos que es lo mejor. ¿Para quien? 
Aún no podemos decidir por nuestro futuro. Nadie nos pide opinión para promulgar leyes que facilitan los despidos de miles de trabajadores, que están empobreciendo a pasos agigantados un gran país antaño. Nuestro voto puede cambiar las cosas y hay más alternativas. Si antes no nos ha ido bien, ¿que es lo que va a cambiar votando a los mismos?
El cambio empieza por uno mismo. Después habrá que seguir luchando.

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