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lunes, 5 de agosto de 2013

Carta de una barrendera despedida

No se de quien es la culpa, ni lo sé, ni me importa. Llevaba quince años en la empresa, levantándome al alba, dando un beso a mi hijo de trece años y yendo a trabajar a casi una hora de mi hogar.
Estoy divorciada y vivo gracias a mi sueldo y la pensión que recibo del padre de mi niño.
Me han roto la vida, la mía y la de un chaval de trece años. Nunca he faltado a mi trabajo, la baja más grande fue de una semana, por accidente laboral.
Tengo cuarenta y cinco años y ni siquiera me han dado la carta en mano, un frío burofax rompió como un mar de cristales el martes último de julio. Destrozando mi corazón y todas mis ilusiones.
No quiero culpables, no voy a gastar mi vida odiando. No se quien puso mi nombre en la mesa, ni porqué, ni el motivo. Porque las difamaciones de idas que me acusan sin inciertas.
No voy a odiar a nadie, pero ¿Quien me odia, como para hacerme esto? ¿Quien puede hacer algo así y dormir tranquilamente?
¿En que sociedad vivimos?¿A quién le importamos? ¿Alguien va hacer algo?

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