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lunes, 18 de febrero de 2013

Desahucio A lo Bonzo

Eulalia salió a la calle, tras haber arropado a los niños, hacía frío, y las calles estaban húmedas. Las viejas zapatillas se le antojaban viejas, aunque las compró en el chino del centro apenas unos días, eran de mala calidad, pero apenas tenía dinero para pagar la calefacción, de hecho llevaba tiempo sin poder pagar la hipoteca y había recibido la orden de desahucio.
"Desahucio", que palabra.Eulalia siempre la asociaba a enfermedades incurables, a los vagabundos de la calle, aunque en su pequeña ciudad había pocos. "Desahucio", era lo último que querría oir,leer, en un papel blanco anodino,lejano. "Desahucio", era una palabra que se le llevaba la vida, sus ilusiones, sus metas.
Eulalia lloraba por dentro,por fuera, ya no le quedaban más lágrimas. Andaba sin ganas, como si fuera su último camino, como si la muerte la empujara, y se resistiera, como si su mente,lejana la hubiera abandonado, hace ya algún tiempo.
Abrió la puerta de la sucursal,donde había empezado todo, llena de ilusiones, de alegría y amor. Entró dentro, se puso en medio del pequeño hall interior, sacó de su bolso un pequeño bote de gasolina para mecheros. Levantó su brazo, casi como un signo de victoria, y lo vació sobre si misma. En la otra mano el mechero lanzó su pequeña llama sobre el manto de muerte y prendió al grito: ¡Mirad lo que habéis hecho¡ ¡Me lo habéis quitado todo¡
Su último grito y el de muchas personas ya.
¿Hasta cuando la desesperación va a continuar, tenebrosa en las gentes honradas de nuestro pais?
¿Cuando esos que dicen luchar por nuestra calidad de vida, levantaran la mirada y nos miraran cara a cara?
¿Hasta cuando?

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